Sheinbaum evita opinar sobre regreso político de Rosario Robles

Por Juan Pablo Ojeda

 

El regreso de Rosario Robles a la escena política volvió a mover el tablero, pero desde Palacio Nacional la reacción fue, al menos en lo público, contenida. La presidenta Claudia Sheinbaum optó por una respuesta breve y calculada: “sin comentarios”.

La declaración ocurrió durante su conferencia matutina, luego de que se le preguntara directamente sobre la reaparición de Robles, quien recientemente fue nombrada como coordinadora de defensa ciudadana en el Partido Revolucionario Institucional. El silencio, acompañado de una sonrisa, no pasó desapercibido, sobre todo por el peso político que tiene el caso detrás.

Para entender la dimensión del momento, hay que recordar que Robles fue una de las figuras centrales en el escándalo conocido como la La Estafa Maestra, un caso que marcó el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto. En 2019 fue detenida y pasó tres años en prisión preventiva, aunque posteriormente obtuvo su libertad y, en 2023, fue absuelta de forma definitiva del delito de ejercicio indebido del servicio público.

Su regreso ahora no es menor. Llega de la mano de Alejandro Moreno, quien no solo le dio un cargo dentro del partido, sino que también abrió la puerta a una estrategia más amplia rumbo a las elecciones de 2027, donde el PRI busca renovarse —al menos en el discurso— con perfiles que puedan reconectar con la ciudadanía.

Sobre esto último, Sheinbaum también fue cuestionada, pero nuevamente evitó profundizar. Se limitó a señalar que se trata de “perfiles muy nuevos”, sin emitir una valoración directa. En política, este tipo de respuestas no son casuales: dicen poco, pero comunican mucho.

El movimiento de Robles también revive el debate sobre el uso de la justicia en casos de alto perfil. Tras su absolución, la exfuncionaria calificó su proceso como una persecución política y señaló directamente a Alejandro Gertz Manero. Este tipo de narrativas siguen siendo parte del discurso político en México, donde la línea entre justicia y política suele ser tema de confrontación.

Además, su caso tiene una particularidad: fue la única exsecretaria procesada en ese escándalo, y aunque se le vinculó con el desvío de recursos, nunca se le imputaron directamente delitos financieros durante su proceso judicial.

Hoy, su regreso abre varias lecturas. Para el PRI, representa una figura con experiencia y visibilidad; para sus críticos, es un símbolo de una etapa cuestionada del pasado político reciente. Y para el gobierno actual, al menos por ahora, es un tema que se prefiere no confrontar abiertamente.

En el fondo, el silencio de Sheinbaum no es vacío: es una decisión política. En un escenario donde cada declaración puede escalar el debate, optar por no engancharse también es una forma de posicionamiento.

 

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